Autora: Dra. María Celeste Balonga
El tratamiento de la infección por VIH ha experimentado grandes avances gracias a la terapia antirretroviral (TAR), permitiendo que las personas con VIH alcancen una expectativa y calidad de vida cada vez más cercanas a las de la población general. Sin embargo, el envejecimiento de esta población ha puesto de manifiesto la importancia de abordar otras condiciones de salud asociadas, entre ellas la salud ósea.
Las personas que viven con VIH suele presentar una menor densidad mineral ósea, osteopenia y osteoporosis, en comparación con la población general. Este fenómeno se relaciona con múltiples factores, incluyendo la inflamación crónica provocada por la infección, alteraciones hormonales, deficiencia de vitamina D, hábitos de vida poco saludables (como tabaquismo y sedentarismo) y algunos efectos secundarios de determinados medicamentos antirretrovirales.
Aunque la terapia antirretroviral es fundamental para controlar la infección y reducir la mortalidad, algunos fármacos pueden asociarse con una pérdida inicial de masa ósea durante los primeros años de tratamiento. No obstante, los beneficios del control viral superan ampliamente estos riesgos, y los esquemas terapéuticos más modernos han demostrado un perfil de seguridad ósea más favorable.
Por esta razón, el cuidado de la salud ósea debe formar parte del abordaje integral de las personas con VIH. La evaluación periódica del riesgo de fracturas, el control de los niveles de vitamina D y calcio, y la solicitud de estudios que evalúan la masa ósea en pacientes con factores de riesgo son estrategias recomendadas para la prevención y el diagnóstico temprano.
Asimismo, los cambios en el estilo de vida desempeñan un papel fundamental. La práctica regular de actividad física, especialmente ejercicios de fuerza y resistencia, una alimentación equilibrada rica en calcio y vitamina D, la reducción del consumo de alcohol y el abandono del tabaco contribuyen significativamente al mantenimiento de la salud ósea.
En conclusión, el tratamiento del VIH no debe centrarse únicamente en el control de la carga viral, sino también en la prevención de complicaciones a largo plazo. Una mirada integral que contemple la salud ósea permite mejorar la calidad de vida, reducir el riesgo de fracturas y promover un envejecimiento saludable en las personas que viven con VIH.
