Autora: Dr. Fernando Somma
Las enfermedades reumatológicas se asocian a un mayor riesgo de osteoporosis y fracturas, siendo muchas veces subestimado. La carga global es elevada: los pacientes tienen un riesgo de fractura 2 a 4 veces mayor que la población general y hasta la mitad de quienes reciben glucocorticoides desarrollan osteoporosis. La etiopatogenia es multifactorial e incluye inflamación crónica, actividad y duración de la enfermedad, inmovilidad, glucocorticoides, autoanticuerpos y factores tradicionales como edad, sexo femenino, bajo IMC y tabaquismo. Las fracturas vertebrales son las más frecuentes y subdiagnosticadas, seguidas por las de cadera, muñeca y húmero. Los registros regionales confirman esta realidad: en pacientes con enfermedades reumatológicas y autoinmunes la prevalencia de fracturas por fragilidad alcanza cerca del 27%, con localización predominante en muñeca y columna, y una proporción relevante de fracturas vertebrales asintomáticas detectadas solo por imágenes.
La artritis reumatoidea es la más estudiada: triplica el riesgo de fractura, con especial impacto en cadera, de forma independiente de la densidad mineral ósea. Su incidencia incluso aumentó pese al mejor control inflamatorio y la supervivencia post-fractura no mejoró. Los DMARDs convencionales no reducen el riesgo, mientras que los biológicos podrían ser protectores y se asocian a un descenso sostenido de la osteoporosis y las fracturas a lo largo de los años.
En el lupus eritematoso sistémico la osteoporosis global ronda el 17% y la osteopenia el 40%; las fracturas vertebrales suelen ser asintomáticas e infradiagnosticadas. La dosis acumulada de glucocorticoides es el principal factor de riesgo, mientras que la hidroxicloroquina y un IMC elevado parecen protectores.
La espondilitis anquilosante presenta un riesgo de fractura vertebral hasta cuatro veces mayor, con alta recurrencia y difícil diagnóstico en la columna anquilosada, donde predominan las fracturas atípicas y complicaciones neurológicas.
La artritis psoriásica es la menos estudiada: duplica el riesgo de fractura vertebral, no está incluida en FRAX y muestra un posible beneficio óseo con el uso de tratamientos biológicos.
En conclusión, las fracturas son una complicación frecuente y subestimada. Se recomienda la evaluación sistemática con FRAX y DXA, minimizar los glucocorticoides, optimizar calcio y vitamina D, prevenir caídas e integrar la salud ósea en la práctica reumatológica.
