Autora: Dra. Fernanda Buzzola
Instituto de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Médica (IMPaM), UBA-CONICET
Las infecciones óseas crónicas causadas por Staphylococcus aureus representan un importante desafío clínico debido a la capacidad de este patógeno para persistir durante períodos prolongados a pesar del tratamiento antimicrobiano y de las intervenciones quirúrgicas. La cronicidad de estas infecciones se sustenta en múltiples estrategias adaptativas que favorecen la supervivencia bacteriana en el microambiente óseo.
Entre ellas, la formación de biofilms constituye uno de los principales mecanismos de persistencia. Los biofilms desarrollados sobre tejido óseo y superficies de implantes limitan la penetración de los antibióticos y dificultan el acceso de las células del sistema inmunitario. Asimismo, los gradientes de nutrientes y oxígeno presentes en estas estructuras favorecen la aparición de subpoblaciones metabólicamente heterogéneas, incluidas células persistidoras y variantes de colonia pequeña (small colonyvariants, SCV), caracterizadas por crecimiento lento, baja actividad metabólica y elevada tolerancia a los antimicrobianos.
La persistencia intracelular constituye otra estrategia adaptativa fundamental en la fisiopatogenia de la osteomielitis crónica. S. aureus puede invadir osteoblastos, osteocitos, osteoclastos y células fagocíticas. Tras su internalización, la bacteria modula su expresión génica hacia fenotipos adaptados a la supervivencia prolongada dentro de las células huésped. En particular, las SCV presentan una regulación diferencial de vías metabólicas y factores de virulencia. Los reguladores globales Agr y SigB desempeñan un papel clave en la transición hacia estados persistentes caracterizados por baja actividad metabólica y mayor tolerancia a las condiciones de estrés.
Los estudios de evolución intrahospedador realizados sobre aislamientos secuenciales de S. aureus han demostrado que, durante la osteomielitis crónica, pueden seleccionarse mutaciones adaptativas asociadas con una mayor capacidad de formación de biofilm y una reducción de la virulencia. Asimismo, evidencias recientes indican que S. aureus puede persistir en tejido osteomuscular humano durante meses o incluso años bajo presión antibiótica, manteniendo reservorios bacterianos viables capaces de originar recaídas clínicas. La comprensión de los mecanismos moleculares y celulares que sustentan esta persistencia resulta esencial para el desarrollo de nuevas estrategias diagnósticas y terapéuticas orientadas a la erradicación de estos reservorios y a la prevención de la recurrencia de la infección.
